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6. Mi doctor me ha prohibido bloguear

Por fin llegó el día de la esperada conversación sobre blogs con el Dr. Fon, mi psicoanalista. Él me confesó que nunca había encendido un ordenador. Lo más parecido era su antigua máquina de escribir. Así que tuve que explicarle Internet desde cero para terminar con un exhaustivo análisis del fenómeno blog.

Me recorría una sensación muy extraña por mi cabeza, porque una de dos: el Dr. Fon estaba fingiendo como un actor profesional o efectivamente no era Martin Varsavsky. Si realmente hubiese sido el empresario argentino, no habría podido aguantar estar durante dos horas sin mencionar ni siquiera una vez a su "movimiento fonero".

-Pablo, ¿cuántos blogs de esos estás escribiendo en estos momentos? -me preguntó el Dr. Fon.

-Entre propios y colaboraciones, estoy metido en unos diez... -le contesté-. Déjeme pensar: El Blog de Pablo, Pablerías, PabloyPunto, MicroGueros, ALT-guero, P4510, Gueros21, Pablo500 y Quiero ser como Enrique Dans.

-¿Quién es ese boludo? -me dijo el inculto-.

-Por favor, doctor, eso es cultura general. Enrique Dans es a los blogs lo que Rocío Jurado ha sido para la copla.

-Pablo, es bueno tener objetivos en la vida, pero hay que saber manejarlos con flexibilidad. De lo contrario, pueden producir en nosotros una gran ansiedad -hasta ahí le entendí-. Lo más probable es que tú nunca llegues a ser como ese tal Dans.

-No doctor, ahí está equivocado. Yo "sí" voy a ser tan grande como él. No es una opción. Es el destino. Es lo que da sentido a mi vida.

Pero entonces mi psicoanalista empezó a jugar sucio: me obligó a sacar las fotos de mi familia que llevaba en mi cartera, incluso las que almaceno en mi teléfono móvil. Me tocó la fibra sensible y desmontó mis planteamientos. Me hizo ver que mis mellizos estaban creciendo sin un referente paterno. Que había menospreciado a mi mujer... ¡Me dejó destrozado!

-Tiene razón, doctor, esto no es lo que quiero. ¿Qué puedo hacer? -le dije desesperado.

-Para empezar, quiero que cuando nos veamos la próxima semana, haya destruido cualquier cosa que tenga que ver con los blogs.

-No se preocupe, lo haré por mi familia.

-Y una cosa más: será mejor que no vuelva a leer a ese Enrique Dans.

Fue la semana más dura de mi vida. Entonces entendí cómo se debe sentir un heroinómano sin su dosis diaria. Fue seguramente la peor semana de mi vida.

¡Alegría!

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