La verdad es que cada vez tengo menos amigos. Y eso se debe simplemente a que la amistad sin dedicación tiende al olvido. Mi caso personal es el mejor ejemplo de ello. Durante los últimos tiempos, mi pasión por los blogs me ha permitido conocer a muchos amigos cibernéticos y perder a todos los de carne y hueso.
Por eso, ahora me resulta más fácil relacionarme con un canuto por medio, y no tanto cara a cara (cuando digo canuto, me refiero a una línea de datos y no a un porro, hombre, que también). Prefiero escribir un correo, chatear por el messenger o intercambiar comentarios y trackbacks, antes que sentarme a una mesa y hablar de manera desordenada y dispersa sobre lo divino y lo humano. ¿Pierdo el lenguaje no verbal de los gestos y la mirada? A veces se agradece. ¿O no?
La semana pasada volvieron a quedar algunos blogueros en el tradicional Beers&Blogs de la ciudad. A mí siempre me ha parecido que es como si sacáramos a los peces fuera de su pecera. Durante un tiempo sobreviven valientemente fuera de su medio, pero están deseando volver al agua para continuar con su vida.
Yo nunca he asistido a uno, formalmente hablando, aunque sí me he colado de incógnito para curiosear, para ver si las caras de los blogueros coinciden con las fotos que ponen en sus blogs.
Es verdad que para eso soy muy raro, ¡qué le voy a hacer! No me siento cómodo hablando con un tío cara a cara de mis post o los de aquel otro. Es un tiempo perdido que podía estar empleando en plasmar eso mismo en un buen artículo o en un excitante intercambio de comentarios.
Además, cuando conoces en persona a tus blogueros de referencia, muchas veces se te caen los mitos -por más que le doy vueltas, no averiguo cómo consiguen la mayoría salir tan favorecidos en la foto de su blog-.
Un caso de éstos es mi amigo Matías. A él no lo conocí en un Beers&Blogs, no, pero ilustra lo que os comento. Es el autor de uno de los blogs eróticos con más éxito del mundo. En teoría tiene 19 años, dos buenas razones y el currículum de "lolita" más caliente de la blogosfera. Y sin embargo, en la realidad cuenta con 20 años más, una mata densa de pelo en pecho y la mente más calenturienta de aquí a Sidney. Ese es Matías, con un pedazo de bigote que casi tapa sus labios.
Otras veces, responsables de Cyblogs asisten a estos eventos para hablar de sus negocios, y desilusionar a los auténticos blogueros que escriben por amor al arte.
-Yo me estoy levantando una buena pasta con esto -dice el bloguero adulterado-, además tengo en mente un nuevo negocio con los blogs que va a ser la bomba. Me forro seguro.
Y tras estas palabras los pobres mortales se plantean si mañana volverán a escribir un post, o mejor dedicarse de lleno a su trabajo en la fábrica que es lo que les da de comer.
No os preocupéis: mientras pueda, allí estaré para detectarlos y neutralizarlos. ¡Pablo Guero vela por vosotros, blogueros auténticos!
Hoy me han vuelto a amenazar, en plena calle Gran Vía de Madrid. Y les da igual que la calle esté abarrotada de gente. Ellos no respetan nada. Actúan con total impunidad.
Esta vez ha sido en un semáforo. Se acababa de poner en verde para los peatones, y una marabunta de personas cruzábamos el asfalto. El sonido auditivo para invidentes empezó a repetir su monótona secuencia de pitidos. De repente, la secuencia se empezó a acelerar, y los pitidos se iban haciendo menos agudos, hasta que se pudo escuchar cláramente un mensaje humano:
"Deja de bloguear, Pablo. Te estamos siguiendo. También a tu familia."
Mi corazón se puso a cien. No conseguía inspirar todo el aire que mis pulmones me demandaban. A mi alrededor, nadie parecía interesarse por el mensaje del semáforo. Alguien tenía que haberlo escuchado. En la otra acera, dos perritos cachorros empezaron a aullar insistentemente, mientras su dueño, un mimo callejero, intentaba calmarlos.
-Ellos también lo han oído -pensé-. Las Bloguerras han vuelto a empezar. Hay que salir de aquí -no me podía quitar de la cabeza la imagen de un enorme "cyblog" arrasando toda evidencia de vida humana-.
Las "Bloguerras" (Blog Wars) comenzaron allá por el año 2000. Como todas las guerras del ser humano, esconden el ansia de sus participantes por asegurar su existencia y su porvenir.
Y es que la blogosfera no es tan distinta al mundo real: para garantizar la supervivencia, el objetivo es aparecer en las primeras posiciones de los buscadores (Google, Yahoo!, MSN, Technorati...), y así conseguir ser visitado y leído por un elenco de seguidores que te den respaldo moral y otras veces económico (pej mediante AdSense...).
En las Bloguerras hay dos tipos de combatientes: los blogs imperiales 1.0 y los blogs rebeldes 2.0. Todos ellos luchan por las primeras posiciones de los buscadores a la vez que intentan reclutar al mayor número de seguidores.
Los blogs imperiales 1.0 o "cyblogs", pertenecen a un modelo de Internet antiguo, son simplemente comerciales o se constituyen como plataformas para hacer dinero. Y aunque son manejados por humanos, detrás no tienen alma. Seguro que se os vienen a la cabeza muchos. También los periódicos online pertenecen a este bando.
En cambio, los blogs rebeldes 2.0 son representaciones online de los seres humanos que los escriben. Son la imagen digital de personas de carne y hueso, y su objetivo económico no es tan evidente. Son más vulnerables, y subsisten gracias a su credibilidad y el apego de sus seguidores, en un intento por arrebatar a los blogs imperiales las primeras posiciones de los buscadores.
¿Podremos los rebeldes aguantar las embestidas de los precisos autómatas imperiales? Ojo sobretodo a los autómatas que se disfrazan de blogs personales y que no dudan en hacerse pasar por humanos: esos son los más peligrosos y deben ser combatidos.
Blogueros: seamos fuertes, y unamos nuestras fuerzas contra los androides imperiales que pretenden dejarnos fuera de la conversación. El mundo online necesita diversidad e individualismo. Que las voces sigan proviniendo cada vez de más lugares, para hacer nuestra la Internet 2.0
En los pasados años resistí junto a otros muchos blogueros los ataques imperiales. Mi aportación intentó ser lo más efectiva posible, incluso luchando desde 10 flancos distintos con otros tantos blogs. Ya conocéis, los que me seguís, que el cansancio físico y mental ha estado a punto de apearme de esta batalla.
Quiero anunciaros la buena nueva: estáis asistiendo al retorno del Rey, Pablo Guero, para seguir librando la batalla contra la amenaza imperial.
Sé que en las mismas filas de los blogs personales 2.0 podré recibir puñaladas traperas por la espalda, y ser menospreciado por mis semejantes, pero confiad en mí para dirigiros hacia la libertad...!!!
-Pablo, ¡qué sorpresa encontrarte por aquí! Mira que he pensado veces en llamarte para que me ayudes a montar mi propio blog... -un viejo conocido me había abordado por la espalda en pleno centro madrileño-.
Hacía años que no coincidíamos. Sin embargo él estaba al tanto de mi afición por los blogs. Aquel reencuentro, después de tanto tiempo, hizo que afloraran en mi cabeza infinitos recuerdos. En concreto, me teletransporté al inicio de mi experiencia laboral.
Mi larga lista de empleos había comenzado en el año 80. Con sólo 18 años realicé prácticas en la Compañía Telefónica Nacional de España, más conocida como "la Telefónica" a secas. Fue todo un orgullo para mi familia, pues a pesar de ser sólo un trabajo temporal como administrativo, era un lugar muy deseado por la clase media española de entonces.
Era de esperar que mi trabajo allí fuera aburrido y gris, y sin embargo desarrollé mi vena artística como escritor, durante los meses que contaron con mis servicios. Desde el primer día congenié con uno de los veteranos de la oficina que me sacaba 11 años de edad:
-Si no quieres envejecer aceleradamente -me decía- no hagas caso al supervisor y ayúdame con mis proyectos. Tú eres jóven y tienes que vivir la vida. Conmigo vas a estar bien.
Mi amigo era un provocador y un excéntrico, su sola presencia era un escándalo: tenía el pelo largo y no vestía como los demás. Llevaba realmente una doble vida: de nueve a cinco hacía un trabajo serio y por la noche cambiaba radicalmente.
Yo le ayudaba en los ratos muertos con sus guiones de comics y sus columnas en revistas underground. Debido a su influjo, me volví algo punk y transgresor como él, me sabía de memoria las letras de sus canciones, también los tres cortos que había grabado en superocho, y ejercí de chico para todo en la primera peli que realizó en 1980. Mis padres en aquella época decidieron desheredarme, ante la vergüenza que pasaban con sus amistades por tener un hijo como yo.
En plena llegada de la democracia su película fue un éxito, y en 1981 dejó el trabajo para acometer el rodaje de una nueva superproducción.
Sí, mi amigo era el artista multidisciplinar manchego Pedro Almodóvar. El me pegó la afición de fabulador y narrador de historias. Algo que sin duda le agradeceré tan pronto como llegue a ser el más grande narrador del mundo blog.
Tras aquel primer encuentro después de tantos años, he vuelto a coincidir con bastante frecuencia en otros eventos, y siempre me ha dado sabios consejos:
-Pablo, si quieres que la gente te siga: ¡provócales!
Siguiendo las indicaciones de mi doctor, tuve que borrar toda la información incluida en mis diez blogs, de sopetón. Pero lo que en principio fue una sensación de liberación, se iba convirtiendo poco a poco en un cargo de conciencia que amenazaba con estallar en mi cabeza.
Tantas horas invertidas, tanto esfuerzo y sacrificio, tirado por la borda por una noble causa: recuperar mi salud.
El "mono" se fue acentuando durante la semana. Tuve que cerrar mi portátil bajo llave para no ceder a la tentación. Móvil, PDA, Blackberry y cualquier apararato similar, también se quedaron en el cajón. En el trabajo me pedí la semana de vacaciones, porque sabía que no podría limitar el uso del ordenador a las tareas propias del puesto (cuando regresé pasada esa semana, había un jovencito en mi silla y una carta de despido en mi bandeja..., pero esa es otra historia).
Cuando llegó mi cita semanal con mi psicoanalista, mi salud lejos de mejorar se había agravado:
-Pablo, quizás sea mejor limitar tu "dosis de blog" diaria a unos 30 minutos, para que tu cuerpo se vaya acostumbrando. Tan malo como un exceso de exposición a los blogs, es una abstinecia total que reprima tu necesidad de expresarte -me dijo Varsavsky.
-Entonces, doctor, ¿puedo volver a bloggear? -pregunté con entusiasmo.
-Vamos a "recondusir" tu situación... y para eso tienes que asumir poco a poco que la vida no es sólo el mundo del blog. Imagina que esto es como un ciclista que quiere ganar el Tour de Francia: tienes que entrenar de manera constante, pero respetando los límites de la salud, depurando tu estilo de forma inteligente para hacerlo eficaz: ¡ igual que un deportista ! Si ejerces ese autocontrol, en breve veremos sus frutos, y te convertirás en un gran escritor.
-30 minutos al día es muy poco para progresar, pero lo intentaré. ¿Puedo recuperar uno de mis blogs entonces?
-Sí, y en él quiero que depures tu estilo: más calidad y no tanta cantidad.
-¡Gracias, doctor! Creo que recuperaré mi blog más leído: "Quiero ser como Enrique Dans".
-Pablo, de eso también quería hablarte -me interrumpió-. El mismo título de ese blog, refleja un comportamiento obsesivo que tienes que superar. No creo que nunca llegues a ser como Enrique Dans. Deberías intentar ser tú mismo. Creo que dejando de leerle, podrás empezar a desengancharte y eliminar poco a poco esa idealización que tienes. Estás pasando por un sentimiento que se asemeja a un enamoramiento, no en el sentido sexual, sino aspiracional.
-Doctor, me deja más tranquilo.
-Lo que te quiero hacer ver es que te afecta como cuando vivimos un amor imposible, lo mejor es que no te expongas a sus efectos.
-Doctor, usted es el experto. Intentaré hacer todo lo que me dice.
Le di muchas vueltas al título de mi blog. Quería que fuese reflejo de mi nueva etapa, así que cambié el título por el actual: "Yo no leo a Enrique Dans". ¿Realmente lo conseguiría? ¿Podría contenerme?...y más cuando en la blogosfera todo está interconectado.
Aquel día nació un nuevo Pablo Guero, con la intención de llegar a ser el mejor bloguero de todos los tiempos.
Por fin llegó el día de la esperada conversación sobre blogs con el Dr. Fon, mi psicoanalista. Él me confesó que nunca había encendido un ordenador. Lo más parecido era su antigua máquina de escribir. Así que tuve que explicarle Internet desde cero para terminar con un exhaustivo análisis del fenómeno blog.
Me recorría una sensación muy extraña por mi cabeza, porque una de dos: el Dr. Fon estaba fingiendo como un actor profesional o efectivamente no era Martin Varsavsky. Si realmente hubiese sido el empresario argentino, no habría podido aguantar estar durante dos horas sin mencionar ni siquiera una vez a su "movimiento fonero".
-Pablo, ¿cuántos blogs de esos estás escribiendo en estos momentos? -me preguntó el Dr. Fon.
-Por favor, doctor, eso es cultura general. Enrique Dans es a los blogs lo que Rocío Jurado ha sido para la copla.
-Pablo, es bueno tener objetivos en la vida, pero hay que saber manejarlos con flexibilidad. De lo contrario, pueden producir en nosotros una gran ansiedad -hasta ahí le entendí-. Lo más probable es que tú nunca llegues a ser como ese tal Dans.
-No doctor, ahí está equivocado. Yo "sí" voy a ser tan grande como él. No es una opción. Es el destino. Es lo que da sentido a mi vida.
Pero entonces mi psicoanalista empezó a jugar sucio: me obligó a sacar las fotos de mi familia que llevaba en mi cartera, incluso las que almaceno en mi teléfono móvil. Me tocó la fibra sensible y desmontó mis planteamientos. Me hizo ver que mis mellizos estaban creciendo sin un referente paterno. Que había menospreciado a mi mujer... ¡Me dejó destrozado!
-Tiene razón, doctor, esto no es lo que quiero. ¿Qué puedo hacer? -le dije desesperado.
-Para empezar, quiero que cuando nos veamos la próxima semana, haya destruido cualquier cosa que tenga que ver con los blogs.
-No se preocupe, lo haré por mi familia.
-Y una cosa más: será mejor que no vuelva a leer a ese Enrique Dans.
Fue la semana más dura de mi vida. Entonces entendí cómo se debe sentir un heroinómano sin su dosis diaria. Fue seguramente la peor semana de mi vida.
El otro día mi hija Pilar me hizo este dibujo. La verdad es que he salido favorecido. Pilar dibuja bastante mejor que su hermano Diego, y eso que tienen la misma edad: 4 añitos. Yo creo que de mayor tiene que dedicarse al mundo del arte:
-¿No te parece que tenemos una joven artista?-le comentaba yo a Melinda, la madre de mis hijos-.
-Pablo, tengamos la fiesta en paz. No vuelvas a sacar el tema de los artistas y los blogs.
-Pero si es verdad... Hoy en día los artistas necesitan un blog para exponer su creatividad... Deja que le haga uno a Pilar.
Esas palabras eran suficientes para que Melinda cogiera a los niños, y desapareciera por las verjas doradas del parque, camino de mi ex-casa.
Cada vez que leo los blogs de pequeños genios como Sara Moreno, Patricia, José Carlos, Leonor, Tomás Ferrara,... pienso que el mundo de los blogs no puede ser malo. Y me reafirmo en el objetivo de convertirme en el mejor bloguero del mundo.
Algún día (no muy lejano) conseguiré que mis hijos blogueen, como no podía ser de otra manera teniendo el padrazo que tienen. Además, alguien tiene que tomar mi testigo cuando yo tenga que retirarme de esta dura competición por la corona de los blogueros.
Fue hace un año cuando decidí acudir al psicoanalista. Mi mujer me había dejado, y se había llevado a toda la familia... Bueno, más bien, me echó de casa. Fui yo quien tuvo que buscar refugio en esta pensión de mala muerte.
Ella no era capaz de entender que mi verdadera vocación era convertirme en el mejor bloguero del mundo y ser una referencia para toda la blogosfera. Tuvimos largas discusiones. Intenté hacerle ver que necesitaba el apoyo de mi familia si quería entrar al olimpo de los blogs. Para escribir y triunfar, se necesita estabilidad.
-Pablo -me dijo Melinda-, estoy harta de que no atiendas a nuestros mellizos con la escusa de que no te dejo apodarles Pixel y Dixel. Cariño, no puedes seguir así. Los trabajos no te duran ni 3 meses. Tienes que pedir ayuda a un especialista. Creo que lo mejor será tomarnos un tiempo.
Y de eso hace ya un año.
Encontré por Internet un psicoanalista (bueno, psiquiatra en realidad, pero me suena peor) llamado Alfonso Sánchez. Desde la primera vez que lo vi, no pude resistirme a apodarle Dr Fon, y no por lo de Alfonso, sino porque era clavadito a Martin Varsavsky.
Cuando ya cogí confianza después de una temporada, le pregunté cuánta gente le había comentado lo de su parecido con el bloguero argentino:
-Pablo, me parezco tanto a Varsavsky como a la duquesa de Alba. Y no insistas en que tengo acento argentino, porque soy gallego, pero gallego de Vigo de toda la vida.
-Doctor, en serio. Mire esta foto -y le mostré una foto que encontré de su etapa de Jazztel-.
-Vamos a ver, Pablo. Ni yo me parezco a este hombre, ni nadie está hablando aquí en argentino. Es tu mente la que lo está generando todo, y entre los dos vamos a solucionarlo, ¿entendés?
-¡Lo ves! Acabas de hablar en argentino.
-No digas boludeces -me dijo de nuevo-. Pablo, por hoy la sesión se ha acabado. Pero quiero que la próxima semana me cuentes con todo detalle qué es eso de los blogs.
Cuando volvía para casa estuve dándole vueltas a lo que estaba sucediendo, y creo que el rompecabezas empezaba a encajar. Este doctor no se llamaba Alfonso Sánchez, ni era de Vigo. El supuesto doctor era el mismo Varsavsky, que pretende hacerme creer que estoy loco. ¿Por qué? Para conseguir que me encierren en un psiquiátrico y así tener un competidor menos en la carrera por el primer puesto entre los blogueros más importantes del mundo.
-Pablo -me dije-, los blogueros más famosos nos empiezan a temer. ¡Vas por el buen camino!
Casi 40ºC a la sombra provocan que el sudor rebose por mis poros como aceite Koipe a través de un colador.
Eso es lo malo del mundo offline: te cansas, te pringas,... ¡qué asco!
Mucho mejor el mundo online, donde no hay ejercicio físico -sólo mental-, y uno se puede trasladar de Albacete a Menorca con sólo un movimiento de ratón y un par de clicks...
Pero aun siendo un bloguero de prestigio, el bloguero entre los blogueros, la admiración del mundo entero, tengo que resignarme ante las inevitables tareas del ser humano mortal y limitado, incluso bajar la basura por las noches.
Hoy sábado he aprovechado para cortarme el pelo, algo que todavía no se puede hacer por Internet. Gonzalo, o Gonso para los amigos, es mi peluquero particular, homosexual de los de toda la vida. Me comprende mejor que mi Psicoanalista y me cobra menos. Desde que hace unos años me cortó parte de la oreja izquierda, nos hicimos íntimos. Le ayudé a montar un blog para publicar la actualidad de su peluquería, pero lo tuvo que cerrar por dos motivos: 1. cometía tantas faltas de ortografía como trasquilones a sus clientes, y 2. le llenaban los comentarios de insultos anónimos como: "Marica, usa el Photoshop para cortar el pelo, y así tendrás la opción de UNDO".
A mí me cae bien, aunque se podría estirar un poco y gastarse 20€ en un ventilador, que aunque he salido con la cabeza fresquita, el resto del cuerpo lo tengo empapado.
Así que no me resisto a meterme a un bar del barrio a beber algo.
-Jefe, me pone una Duff ("daf") fresquita -le digo al camarero-.
-¿Comorrrr...?
-Una cerveza Duff fresquita, por favor.
-No sé qué es eso, pero aquí sólo tenemos Mahou y Heineken -me contesta el inculto-.
-Parece que no conocemos a los Simpon, ¿no? -le intento dar pistas-. Si navegaras un poco más por Internet, sabrías que ya se puede pedir cerveza Duff.
-Pues a los Simpson los conozco poco, pero a los graciosos como tú sí los tengo bastante calados, así que si quieres la cosa esa, te vas a la tele -me dice todo borde-.
-Jefe, creo que no debería hablarme así, que no sabe quien soy. Hoy mismo podría bloguearle y dejarle el bar vacío hasta el día del juicio final -le tengo que amenazar-.
-Pues no sé de que me hablas, pero sé quién va a cruzar ahora mismo esa puerta y va a cerrar por fuera -me dice el personajillo-.
-Muy bien, tú lo has querido: "La cagaste, Burtlancaster" -y salgo presto y veloz a por mi portátil para poner a este mequetrefe en su sitio:
"Al bar de esta dirección, ni un euro más, por blogófobo. Y además ¡no tiene Duff!"
viernes, julio 21, 2006 by pabloguero
Los blogueros somos de otra pasta. Y se nos nota en la cara. Yo soy capaz de identificar por la calle a quién tiene y quién no tiene blog. Incluso sería capaz de describir su ávatar.
Ya sabéis que un ávatar es un icono que nos representa en Internet: es cómo nos ven los demás cibernautas.
Es cierto que en Internet no sólo somos una imagen: va acompañada de aquella reputación que nos creamos por lo que vamos contando. Yo llevo unos cuantos años trabajándome un hueco en el mundillo, prácticamente desde que empezamos con estos diarios cibernéticos.
Personalmente no sé qué imagen tienen los demás de mí, pero mi ávatar lo tenéis en el título de la página. No acostumbro a publicar mi verdadero aspecto físico, igual que Amancio Ortega: los dos queremos escapar del acoso de prensa y público. Pero algún día será inevitable que la gente me termine conociendo, y todos dirán:
-¡Hey! Ese es Pablo Guero, ¡el rey de los blogs!-.
Y yo contestaré: -¡Gracias, tu blog también es estupendo!
En este mundo hay dos tipos de personas: los que leen a Enrique Dans (los blogueros) y los que no leen a Enrique Dans (el resto de los mortales).
Yo soy un bloguero de toda la vida, de los que escriben por vocación y, por supuesto, hasta hace unas semanas, leía libremente a Enrique Dans.
Necesito contar en mis blogs todo lo que leo, lo que veo, lo que vivo..., quiero que la humanidad de hoy y mañana me reconozca: "Pablo Guero, el mejor bloguero del mundo entero".
Sin embargo, últimamente atravieso un pequeño bache. Algunos blogueros ya se ganan la vida con los blogs; en cambio, yo me estoy arruinando la vida con los blogs -o eso es lo que me dijo mi psicoanalista-.
Por eso el doctor me lanzó un ultimátum:
-Pablo, tú nunca serás como Enrique Dans. Tienes que elegir entre tu salud o los blogs.
Así que tuve que borrar mis blogs, limitar mi uso de Internet a no más de media hora diaria, y lo peor de todo, dejar de leer a Enrique Dans...
Esto ha provocado que atraviese una crisis de identidad sin precedentes, porque: ¿puede un bloguero seguir siéndolo sin leer a Enrique Dans?
Me está siendo muy duro seguir el tratamiento, aunque cada vez que mi doctor me pregunta, yo le miento:
-Todo me sonríe, doctor, desde que no leo a Enrique Dans.
Se trata de un tipo de blog de ficción en el que se mezclan personajes ficticios con personas reales. Por un lado, los lectores pueden influir en el devenir de la historia a través de su comentarios. Pero además, los lectores pueden aparecer con su nombre y apellidos dentro de las aventuras solicitando al blog-master interactuar con el resto de sus personajes en los capítulos venideros. Se trata de un mundo paralelo: el mundo de Pablo Guero.
El comité de redactores del Blog&Rol pretenden crear un mundo de ficción, basado en el humor pero siempre desde el respeto. La mención de personajes reales se hace desde el cariño y como un homenaje a cada uno de ellos. Si cualquiera de vosotros os sintierais incómodos con alguna de las menciones, escribid al blog-master.