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40. Nuestra Señora de SL

Al día siguiente, Mancini apareció con la misma camiseta de siempre. Es cierto que en el mundo virtual no hay que lavar la ropa ni cambiarse de calzoncillos. Yo de todas formas suelo alternar mi vestuario para sentirme un hombre renovado cada día. Mancini me instó a seguirle:



-Pablo, no he conseguido la plata para entrar en la organización PainLessLife, me pedían 1 millón de dólares.

-¿De dólares linden?

-No, no, dólares contantes y sonantes.

-¡Caray! Pues se les podía haber ocurrido otro nombre, porque eso sí que duele...



Ciertamente la cantidad que se llevó Melinda cuando desapareció, no era muy distinta. Al fin y al cabo era su dinero: ella era la pudiente en nuestro matrimonio. Si Mancini estaba diciendo la verdad, íbamos por el buen camino.



-Entonces, haciéndoles ver que tenemos $1 millón, ¿nos dejarán pasar a las regiones prohibidas esas?

-No es tan sencillo. También tienes que presentar un expediente, describiendo al detalle cómo es tu vida real, qué haces, qué te gustaría llegar a ser, una descripción de tus padres, de tus parientes, destacando cualquier enfermedad que pudieran tener, ...

-Para eso es mejor entregarles el cerebro, y que se sirvan... -le digo ocurrentemente-.

-Bueno, de eso se trata.



No le entendí esa última frase, pero me hizo una seña para guardar silencio, porque ya habíamos llegado. Nos escondimos entre unos setos.






-¿Qué es esto? ¿Parece una abadía?

-Se llama Nuestra Señora de Second Life. Activa el inhibidor de detectores que te voy a pasar, porque como sepan que estamos aquí, al momento estaremos rodeados de monjes y expulsados de este sitio para siempre.

-Ok, Mancini. Te refieres a aquellos hombres con hábitos negros que pasean por los alrededores.



Mancini me explicó entonces que había presentado su expediente para conseguir el acceso a PainLessLife, pero que lo habían rechazado. Los blogueros no son precisamente los clientes que están buscando. ¡Creo que nos temen!



-Pablo, necesito que les despistes para que yo pueda llegar hasta el púlpito del altar. Allí está el acceso al otro mundo y, seguramente, a Melinda.

-¡Cuidado, viene uno de esos monjes!



Yo conseguí esconderme detrás de un muro. Pero Mancini no. Hasta él se acercó el monje para pedirle que se identificara. Les contó que había sido admitido para el programa PainLessLife, pero que todavía no tenía la acreditación.



A la vez, Mancini se comunicaba conmigo a través de la mensajería instantánea de SL. "Corre, Pablo. Aprovecha para entrar a la abadía. Que no te vean. Busca el libro que reposa sobre el púlpito y pronuncia la frase latina "Habitaquo ComPuntoEs MicroSano Telendro".



Así lo hice. Hábilmente volé a ras del suelo para entrar por el pórtico de la Iglesia, esquivando los bancos y columnas. Aquello estaba lleno de monjes negros, ¡imposible despistarlos! Así que zigzagueando para que no me pudieran atrapar, llegué hasta el púlpito y pronuncié las palabras mágicas lo más rápido que pude.



¡¡¡BBBBBRRRRRRRRRMMMMMMMMMMM!!!



Un estruendo tremendo y una luz cegadora es lo único que recuerdo. Después silencio sepulcral.



Y la pantalla negra de mi ordenador empezó a mostrar colores que se iban convirtiendo en ...¿una película en las calles de Nueva YorK? Taxis amarillos venían pitando hacia mí. Estaba en medio del asfalto. Con el ratón, pude saltar a un lado y llegar a la acera... Un mensaje apareció en mi pantalla: era de Mancini.



-Pablo, ¿has entrado?

-Creo que sí.



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