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51. La gran evasión

Tras las trágicas muertes del hombre de Andrómeda y el que se parecía a Lappe, tengo que actuar sin perder tiempo. Hay una misión que cumplir, y no sé muy bien cuál es, y para descifrarla no cuento con más información que la que me dejaron. La solución debe pasar por tener la mente muy abierta. No puedo descartar nada. Quizá el hombre de Andrómeda es realmente un hombre venido del espacio, quizá de otro tiempo, con un mensaje para la Central. Debería entonces buscar esa Central. Pero por otro lado "Lappe" habló de virtualidad y llevar el mensaje al otro mundo. ¿Se referiría a Second Life? ¿Qué amenaza puede representar Second Life para la humanidad?

Demasiadas preguntas sin respuesta. Y está claro que encerrado aquí no voy a avanzar nada, así que lo primero es fugarse. Quizá las respuestas se crucen ellas solas en mi camino más adelante.

-Don Pablo Guero -dice un enfermero abriendo la puerta de la habitación-, hora de visitas.
-Estupendo, bajo ahora mismo.

Matías me esperaba en una de las salas, y venía con Dieguete, tal y como le había pedido.

-Hombretón, ven aquí -le digo al pequeño, cogiéndole en brazos-.
-Hola papá, ¡qué delgado estás!

Tras media hora de estar con ellos, les cuento mi plan para sacarme de allí.

-Dieguete, sabes lo que te gusta hacer cuando sales del Corte Inglés, ¿verdad? -le digo-.
-¿Lo de la sirena? -me pregunta-.
-Eso es, hijo. Pues cuando salgas por la puerta de este edificio, si te concentras mucho mucho también oirás sirenas y verás luces de colores.

Desde pequeñito, mi hijo Diego tiene una extraña facultad para hacer saltar los arcos de seguridad de los centros comerciales, algo que ha degenerado en alteraciones en cualquier circuito electrónico.

Son las 19:00. En estos momentos Matías y Diego deberían estar saliendo del centro. Repentinamente, todas las alarmas empiezan a sonar. Me acerco al pomo de la puerta de mi habitación. Efectivamente, el circuito electrónico de seguridad está fallando. Abro la puerta y salgo al pasillo. Muchos internos hacen lo mismo. Corro escaleras abajo hasta una ventana de la planta baja. El cierre de seguridad también está fallando, y puedo abrirla sin problemas. Salto a la calle.



Corriendo llego al coche de Matías y prácticamente en marcha me subo a él.

-Acércame a la consulta del dr. Fon -le pido a Matías-, que tengo cuatro cosas que decirle a ese traidor por encerrarme en el manicomio.

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