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11. El día que atropellé a Punset

Antes de ayer Matías me mandó un SMS desde Barcelona. Se había ido a pasar un par de días a la Ciudad Condal, ya que se celebraba la primera reunión oficial de blogs eróticos, algo así como un Sex&Blogs. A primera vista uno se imagina aquello como asistir a la mansión Playboy, y sin embargo, fue más parecido a un funeral donde cada vez que te presentaban a un autor se convertía en una nueva decepción. Yo me imaginaba a 20 clones de Matías, con su bigote y todo, hablando de qué lencería tenía más aceptación en el género blog.

El SMS era una "invitación" a recogerle al aeropuerto, para luego tomarnos una copa y retrasar su llegada a casa lo máximo posible. ¡Vaya morro el tío! Pero además, quería contarme sus nuevos descubrimientos sobre el Blog Fantasma. Eso me atraía más, sobretodo si era algo tan delicado que no podía contármelo a distancia.

No es que suela quedar mucho con Matías en el mundo offline, pero como no ando sobrado de amigos, no puedo fallar en estas ocasiones. Así que prescindí de mi vespa deluxe esta vez y cogí prestado de la oficina uno de esos Smart forrados con publicidad de las Juanolas.


Llegaba un poco tarde, y al llegar a la zona de los parkings casi me llevo por delante a un peatón que cruzaba el paso de cebra.

-Tenga cuidado, animal -me increpó, tras tumbarle su maleta con mi parachoques-.

Mi visión privilegiada detectó que aquel viandante era un bloguero. Además, tenía la impresión de que no era la primera vez que lo veía. Pero sus gafas de sol me confundían...

Dentro, en la Terminal, los monitores mostraban un retraso de 1 hora en el puente aéreo. Parecía que los efectos de la huelga ilegal del Prat seguían haciendo estragos.

Me dirigí a la cafetería, para hacer un poco de tiempo. Si hubiese tenido mi portátil, habría aprovechado para conectarme a las maravillosas redes inalámbricas que han montado allí. El que sí había sido más previsor era mi víctima del paso de cebra: allí estaba actualizando su blog, seguramente. "Qué suerte"-pensé, aunque luego me di cuenta que para mi tratamiento era mejor no tener acceso a estas tentaciones.

De repente, un hombre trajeado se presentó al bloguero y le insistó en hacerse una foto. Le llamó "Profesor Punset". Entonces caí.

El tiempo pasaba lento y cada vez tenía más ganas de presentarme "Hola profesor, Soy Pablo Guero, el mejor bloguero del mundo entero. Su blog también es estupendo." ...pero no me atrevía. No me sentía seguro para mantener una conversación con él que estuviera a su altura.

Repasé mi repertorio de temas de conversación..., pero nada. Había uno muy recurrente, que por ser tan personal, podría sacarme del atolladero: ¿cree que hay vida después de la muerte?

Así que por fin me decidí, me acerqué, me presenté, le lancé la pregunta y él me contestó:

-No lo sé -y siguió escribiendo con su portátil-.

Que segundos más largos, allí de pie. Oía a la perfección como el aire acondicionado salía por las rendijas de sus tubos de distribución. Una gota de sudor recorría mi cuello. En la mesa del fondo se caía una cucharilla de café, y rebotaba contra el suelo una, dos, ...tres veces. Cuando te pasaba esto en una discoteca, podías seguir bailando, pero aquí... Quizá me había reconocido: yo era el asesino del coche que por poco le atropella, y no pensaba malgastar ni un minuto conmigo. Gracias a Dios, volvió a girarse hacia mí:

-Es gracias a la brevedad de la vida, a su finitud, que los dos ahora mismo, en este aeropuerto, sentimos intensamente. Si la vida durara eternamente resultaría muy difícil concentrarse en algo. Ni notaríamos el esplendor de las puestas de sol -sentenció Punset con autoridad-.


-Entiendo -le contesté más bien confuso-. Sabiendo que usted es bloguero como yo, ¿qué opina del Blog Fantasma? ¿Cree que existe?

-Hijo, no tengo ni más remota idea de lo que me hablas -y empezó a recoger sus cosas-. Si me disculpas, voy a perder mi vuelo. Adéu.

-Eso lo último. Que tenga un feliz viaje -y nos despedimos estrechando las manos-.

No podía creer que Eduardo Punset no conociera las leyendas del Blog Fantasma. ¿O quizá las conocía demasiado bien?

Diez minutos después, Matías atravesaba las puertas que dan al vestíbulo de Llegadas. Su cara mostraba un gesto de preocupación a la vez que entusiasmo.

-Vamos al centro, a un Starbucks -me susurró-. Creo que sé como acceder al Blog Fantasma.

Etiquetas:

“11. El día que atropellé a Punset”

  1. Blogger El contemplador azul Says:

    Otra metabloghistoria genial.

    Ayer cuando leía el blog de Punset nunca se me paso por la cabeza cómo se le podía haber ocurrido el tema actual de su blog, ya veo que no le resultó muy difícil :P

  2. Anonymous Anónimo Says:

    Currao el fotomontaje eh.. XD

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