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30. El día en que Melinda pasó a mejor vida

Eran las fechas del "Evento Blog España". Luis Rull me había pedido que clausurara el evento con una intervención inesperada del mejor bloguero del mundo. Desgraciadamente, la invitación me la había enviado por correo electrónico, en concreto a mi cuenta de Gmail, que por casualidades de la vida llevaba varios días sin aceptar mi usuario y contraseña. Tampoco Blogger me funcionaba, así que podéis imaginar el cabreo monumental que llevaba encima. Yo sin mis aplicaciones online, me sentía el ser más indefenso del mundo. ¡No es vengativo ni nada el Eric Schmidt éste! Me prometieron que para 2007 volvería a funcionar; parece que lo han cumplido.

Entonces sucedió algo para lo que nunca estamos preparados. Era jueves, once y media de la noche, y la policía entró en la pensión preguntando por mí:

-Buscamos al sr. Guero.
-La habitación del fondo a la derecha, al lado del baño -les indica la casera-.
-¿Qué sucede, agentes? -digo abriendo la puerta, pues se oía todo a través del papel de fumar que tenemos por paredes-.
-Acompáñenos a comisaría, si es tan amable.

Sólo me dio tiempo a coger el abrigo y salimos pitando como si llevaran al mismísimo "Jack, el destripador". Si era cosa de Google, esta vez habían llegado demasiado lejos. Una vez en comisaría me dieron la inesperada noticia:

-Sr Guero -me dice uno de los que mandan-, su mujer ha desaparecido y usted es el principal sospechoso.
-¡Tiene que ser un error! ¡Estará encerrada en un ascensor o algo parecido! ... ¿Dónde están mis hijos? -pregunto alterado-.
-Sus hijos están bien, con unos vecinos. Pero quiero que me cuente con pelos y señales qué ha hecho esta tarde, y cuál era la relación con su mujer últimamente.

No me resultó nada fácil hablar de mi vida privada y de los problemas de pareja que acarreábamos desde julio de 2005, cuando Melinda me echó de casa por mi adicción a los blogs. Yo seguía sintiendo lo mismo por ella, y tenía adoración por nuestros mellizos, pero a Melinda la situación le fue superando. Nuestros hijos no son precisamente unos angelitos; dan más trabajo que cinco niños de su edad juntos. Pero ella insistía en dejarme verlos sólo un par de veces al mes. Últimamente mencionó en más de una ocasión eso de "Has arruinado mi felicidad. Ésta no es la vida que yo quería". Pero no creo que sea de las personas que cometería una locura.

-¿Está seguro? -dice el policía-. Pues eche un vistazo a esta nota: "Nos vemos en la otra vida (S.L.)"

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